Con información de Diario Las Américas
Cuadros supuestamente pintados por el hijo del presidente de Estados Unidos, Joe Biden, fueron el miércoles el centro de una investigación legislativa liderada por los republicanos, que acusan a la familia del presidente estadounidense de «comerciar con sus contactos y sus influencias». El jefe de un poderoso comité de la Cámara de Representantes (baja) escribió una carta los propietarios de una galería de Nueva York que exhibe las presuntas obras de Hunter Biden, exigiendo que proporcione al Congreso una lista de los compradores de sus piezas.
«Su acuerdo con Hunter Biden plantea serios problemas éticos y revela la cuestión de si la familia Biden [comercia una vez más] con sus contactos e influencias», dijo el republicano James Comer en su misiva. También invita al propietario de la galería, Georges Bergés, a declarar ante el Congreso en febrero.
Hunter Biden y la familia Biden, incluyendo al presidente son uno de los objetivos principales de las investigaciones emprendidas por los republicanos para contener los abusos de poder cometidos durante dos años por la administración Biden y la extrema izquierda en EEUU, que incluye incluso al Buró Federal de Investigaciones (FBI) y al Departamento de Seguridad Interior.
Los republicanos apuntan en particular al riesgo de que industriales o financieros compren sus obras con el único fin de ganarse el favor de la Casa Blanca. Según James Comer, algunas de las pinturas expuestas por la galería neoyorquina Georges Bergés costaron hasta 225 mil dólares. La galería hasta ahora no ha hechos comentarios al respecto.
El hijo menor del presidente está siendo investigado presuntamente por el Departamento de Justicia y el FBI durante casi tres años por sus millonarios y cuestionables ingresos e intereses económicos en Ucrania, Rusia y China cuando su padre era vicepresidente durante el gobierno de Barack Obama (2009-2017).
Por su parte, el presidente Joe Biden enfrenta un posible encausamiento judicial por esconder decenas de documentos clasificados y ultrasecretos en sus residencias privadas, sin ninguna autorización por parte del Congreso ni avalada por la Constitución de EEUU, una gran diferencia con los encontrados a Donald Trump.

