Con información de 14ymedio

La oficina presidencial de Corea del Sur calificó el restablecimiento de sus relaciones diplomáticas con Cuba como «un golpe político y psicológico significativo» que afectará, «inevitablemente», a la comunista Corea del Norte.

Cerrada a cal y canto y con varios carteles del «estimado camarada» Kim Jong-un en su cerca, la Embajada de Corea del Norte en La Habana parece darle la razón.

El viernes, con motivo del 82º aniversario del nacimiento de Kim Jong-il, el mandatario Miguel Díaz-Canel mandó, vía X, un «afectuoso saludo al Partido, Gobierno y noble pueblo de la RPDC». Y añadió: «Reafirmamos nuestra histórica relación de amistad, solidaridad y hermandad».

Mientras tanto, ni la cancillería norcoreana, que había acabado de recibir las credenciales de un nuevo embajador cubano en Pyongyang, ni su Gobierno han roto aún el silencio sobre el acercamiento de su rival a uno de sus pocos aliados desde los tiempos de la Guerra Fría.

Se dice que, un «funcionario de alto nivel de la presidencia surcoreana» explicó a la prensa que el acercamiento afectará los tradicionales «lazos fraternales» con que Pyongyang describe su vínculo con la Isla.

Seúl restableció el miércoles sus relaciones diplomáticas con La Habana, rotas desde la llegada al poder de Fidel Castro en 1959. Un escueto comunicado de la Cancillería cubana anunció el «intercambio de notas diplomáticas» de ambas naciones ante las Naciones Unidas, en Nueva York.

La prensa mundial ha calificado el hecho como un «paso histórico» entre ambos países. BBC recordó que La Habana y Seúl sólo habían disfrutado de diez años de relaciones diplomáticas, desde 1949. El «bastión comunista» en que se convirtió la Isla desde la llegada de Castro convirtió al país en un aliado ideal para el Norte en la región.